Definitivamente somos una raza egocéntrica. Ya sea en grupo o como individuos, despreciamos y tildamos de erróneo todo lo que no se ajusta a nuestros deseos o pensamientos. Debemos aprender a ser tolerantes y controlar ese ego que nos impulsa a dañar a otros simplemente por ser o pensar diferente. Muchos se consideran inocentes, pero sus pensamientos y actos, aunque menos agresivos, predican la intolerancia hacia quienes son distintos. Pocos podrían arrojar la primera piedra ante estas palabras. Como he dicho antes, somos una raza egocéntrica: desmembramos y violamos la física misma para intentar que el universo gire a nuestro alrededor.
Los Mil Reinos De Las Nubes
“Hay algo quebradizo en mí que se romperá antes de doblarse. Lo que está roto no se dobla, y los lugares rotos se vuelven duros. Mis grietas son todo lo que me queda ahora.” Mark Lawrence – Prince of Thorns (2011)
viernes, 16 de noviembre de 2012
viernes, 30 de septiembre de 2011
Clima del 30 septiembre
Maldito clima me está matando.
Clima húmedo,
clima social,
clima de truenos,
clima político,
clima mental,
clima de ruegos,
clima demente,
clima mortal.
Maldito clima… me está asfixiando.
martes, 20 de septiembre de 2011
Déspota
Somos un vil retoño,
sombra de una raza plena,
hojas muertas en otoño,
almas perversas y en pena.
Bastardos del Olimpo,
maestros en la guerra,
condenados a vivir
bajo el juicio de Atenea.
Dimos la espalda al ídolo de oro,
idolatramos la muerte y la tortura.
Somos un vil retoño,
una cáscara vacía,
un engaño,
salvajes bacanales
que avanzan hacia el olvido.
sábado, 17 de septiembre de 2011
Hominem Famen
Seres de alma mutilada,
adiestrados en el consumo,
consumidos,
hambrientos,
una hambre que nunca saciamos.
Matricidas de Gaia.
Bebemos y devoramos sus entrañas,
depredamos sus valles,
violamos sus montañas,
ahogamos a Océano y a Tetis,
sus ríos y sus fuentes.
Devoramos, engullimos,
y escupimos la sangre que ya no podemos tragar…
lunes, 10 de enero de 2011
La leyenda de Ellorim, capitulo 1, primera parte.
Capitulo 1
La última fiesta de Ellorim
Para ser una mañana de invierno, el viento del sur había vencido a las espesas nubes y el sol calentaba las calles de Ellorim, los ciudadanos habían aprovechado el inusual clima para salir de sus ahumadas casas y respirar aire limpio. Extrañaban el cálido abrigo de una soleada mañana. No importaba que rondaran rumores de guerra en la frontera, ni que las calles estuvieran llenas de charcos y lodo formado por la nieve derretida, hombres, mujeres, ancianos y niños disfrutaban de la calida mañana.
La pequeña ciudad de Ellorim era conocida como La Feria del norte y el sobrenombre le hacía honor, Ellorim se vanagloriaba de servir a la diosa Lor y a todos sus hijos, a quien deleitaban con una casi perpetua feria. La ciudad y sus festividades nunca llegaron a florecer debido a los casi intransitables caminos que la comunicaban con el resto del mundo. Rara vez llegaban extranjeros. Las caravanas solamente visitaban Ellorim, acompañando a los carretones que llegaban a recoger el hierro de las minas, cada cuatro ciclos lunares en primavera, verano y otoño, y cada ocho ciclos lunares en invierno.
Justamente el día anterior las festividades a Ilviren habían llegado a su fin, dos semanas de júbilo en honor al viento del sur. Un día tan hermoso no podía pasar por alto a los ciudadanos, se les había concedido sentir el cálido roce del sol. El viento del sur Ilivern les daba la señal de que el resto del invierno seria menos hostil.
En la plaza principal, frente a la Catedral en honor a Lor, muchos improvisados negocios habían sido levantados en cuestión de segundos, ofreciendo una variedad de dulces, bocadillos, estatuillas, flores, molinetes de colores, muñecas de tela, cientos de curiosidades abarrotaban las mantas en el suelo y las mesas de los mercaderes. Pareciera como si se hubiese trasladado el mercado de la ciudad a las faldas de la catedral. Habían construido una tarima de madera donde grupos de actores representaban comedias en honor a Lor e Ilviren, a quienes atribuían tan grandioso regalo. Los enjambres de niños y niñas jugaban por todos lados acentuaban aun más la alegría de la jubilosa ciudad. Aun soplaba un ligero viento helado pero el sol alejaba los días oscuros que le habían precedido, hacia semanas que el cielo permanecía gris y el horizonte muerto. La feria de Ilviren se quedaría por un día más.
- ¡Que celebren su propia muerte!- Las palabras se perdieron entre los gritos de fiesta.
Desde una de las torres mas altas de la mansión del Archimago, Sleim observaba los diminutos puntos multicolores disfrutando del estupendo clima y las alegrías de la feria, mientras él debía permanecer en la húmeda habitación de piedra, a menos que descubriera un hechizo para desintegrar el viscoso liquido verde de las ollas y dejarlas relucientes. Echo una última mirada a la lejana plaza, deseaba tanto poder unirse a la última celebración de su ciudad natal. No le importaba que estuvieran celebrando esta vez, podría haber estado disfrutando del estupendo clima, además ella podría estar ahí. De regreso en su desagradable tarea, Sleim se introdujo en una de las gigantescas ollas de hierro, con un sepillo en mano, en el la otra un balde de un potente jabón que ingeniosamente había preparado. Mientras restregaba las viscosas paredes de una olla, empezó a repasar mentalmente las tareas que su maestro le había asignado. Debía cumplirlas con precisión si pretendía que sus propios planes salieran a la perfección.
- Nada puede salir mal.- Se dijo a si mismo confiado de sus meticulosos planes. Un mal habito adquirido de su maestro Larill, ambos padecían de cierto grado de soberbia que a menudo les causaban tantos tropiezos.
Alejo su mente de este plano, seguro de sí mismo, empezó a pensar en ella. En sus profundos ojos cafés, en su dulce sonrisa, en su aroma. Ella era la única razón por la que no había abandonado al viejo Larill. Cada vez que le acompañaba a la mansión Barón Rottier, podía verla y verla lo hacía soñar.
Siempre había esperado a que uno de sus sueños se hiciera realidad y pudiera descubrir si los sentimientos que sentía por ella eran verdaderos o solo un impulso. Debía saberlo, nunca había sentido algo tan fuerte por una mujer, una mujer a que apenas podía acercarse. Era algo ilógico, que por más que intentaba no lograba comprender. Ahora más que alcanzar sus sueños, solamente deseaba salvarla, no importaba si ella llegara a odiarlo. Algo en su interior le dictaba las órdenes y por más que intentara sacarla de su mente, no podía hacer nada para evitar pensar el ella. Su única opción era salvarla, ceder a sus impulsos.
martes, 19 de enero de 2010
Fragmento de La Gema del Halfling
Entreri volvió a sacar el rubí y dejó que su magia captara la luz de las estrellas. Vio cómo giraba y estudió aquel torbellino de destellos, pues pretendía conocerlo bien antes de finalizar el viaje.
El bajá Pook estaría encantado de recuperarlo. ¡Le había proporcionado tanto poder! Ahora Entreri era consciente de que le había dado más poder aun de lo que los demás suponían. Gracias al rubí, Pook había convertido a sus enemigos en amigos y a sus amigos en esclavos.
—¿A mí también? —musitó Entreri, hechizado por las diminutas estrellas que brillaban en el resplandor rojizo de la gema—. ¿He sido yo también una víctima? ¿O lo seré pronto? —Jamás hubiera creído que él, Artemis Entreri, pudiera caer en un hechizo mágico, pero la insistencia del rubí era innegable.
Entreri se rió. El timonel, la única persona aparte de él que había en cubierta, le dirigió una mirada curiosa, pero no le hizo más caso.
—No —susurró Entreri al rubí—. No volverás a poseerme. Conozco tus trucos y pronto los conoceré mucho mejor. ¡Recorreré los senderos de tu tentador hechizo y encontraré el modo de salirme de nuevo de él! —Con otra carcajada, se puso al cuello la cadena de oro que sostenía el rubí, y ocultó la gema bajo su justillo de piel. Luego, rebuscó en su bolsillo, agarró la figurita de la pantera, y desvió la vista hacia el norte.
—¿Me estás viendo, Drizzt Do'Urden? —preguntó a la noche.
martes, 12 de enero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
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