Definitivamente somos una raza egocéntrica. Ya sea en grupo o como individuos, despreciamos y tildamos de erróneo todo lo que no se ajusta a nuestros deseos o pensamientos. Debemos aprender a ser tolerantes y controlar ese ego que nos impulsa a dañar a otros simplemente por ser o pensar diferente. Muchos se consideran inocentes, pero sus pensamientos y actos, aunque menos agresivos, predican la intolerancia hacia quienes son distintos. Pocos podrían arrojar la primera piedra ante estas palabras. Como he dicho antes, somos una raza egocéntrica: desmembramos y violamos la física misma para intentar que el universo gire a nuestro alrededor.