lunes, 4 de enero de 2010

—¿Por qué he despertado? —me pregunté frente al espejo, mientras inspeccionaba mi rostro en busca de nuevas heridas. En mis sueños, nunca amanece nublado. Un golpe de agua fría fue suficiente para devolverme por completo a esta pesadilla.

—¿Por qué he despertado? —repetí, con un nudo en la garganta y el corazón acelerado.

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