martes, 19 de enero de 2010

Fragmento de La Gema del Halfling

Entreri volvió a sacar el rubí y dejó que su magia captara la luz de las estrellas. Vio cómo giraba y estudió aquel torbellino de destellos, pues pretendía conocerlo bien antes de finalizar el viaje.

El bajá Pook estaría encantado de recuperarlo. ¡Le había proporcionado tanto poder! Ahora Entreri era consciente de que le había dado más poder aun de lo que los demás suponían. Gracias al rubí, Pook había convertido a sus enemigos en amigos y a sus amigos en esclavos.

—¿A mí también? —musitó Entreri, hechizado por las diminutas estrellas que brillaban en el resplandor rojizo de la gema—. ¿He sido yo también una víctima? ¿O lo seré pronto? —Jamás hubiera creído que él, Artemis Entreri, pudiera caer en un hechizo mágico, pero la insistencia del rubí era innegable.

Entreri se rió. El timonel, la única persona aparte de él que había en cubierta, le dirigió una mirada curiosa, pero no le hizo más caso.

—No —susurró Entreri al rubí—. No volverás a poseerme. Conozco tus trucos y pronto los conoceré mucho mejor. ¡Recorreré los senderos de tu tentador hechizo y encontraré el modo de salirme de nuevo de él! —Con otra carcajada, se puso al cuello la cadena de oro que sostenía el rubí, y ocultó la gema bajo su justillo de piel. Luego, rebuscó en su bolsillo, agarró la figurita de la pantera, y desvió la vista hacia el norte.

—¿Me estás viendo, Drizzt Do'Urden? —preguntó a la noche.

martes, 12 de enero de 2010

La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.

Autor: Gabriel García Márquez

lunes, 11 de enero de 2010

El sur ya no se ve tan lejano, y las llamas no arden con la intensidad que describen las escrituras; nada es como me lo habían contado… Estoy completamente confundido.

viernes, 8 de enero de 2010


Hoy me he comido otra de las galletas del frasco de mi cabeza, otra fantasía que, como siempre, termina desvaneciéndose en la cruda realidad. Solo quedan unas migajas, recordatorios amargos de que nada es, ni será.

La triste canción del bardo

Hoy a la ciudad ha llegado un bardo, aunque no mostraba la alegría o el entusiasmo que suelen acompañar a su oficio. Caminó directamente hasta la taberna, arrastrando los pies hasta la barra, y pidió un tarro de vino al posadero. Sus canciones eran lamentos de un corazón herido, un corazón muy lastimado. Hablaba de una ninfa que había cautivado su alma, una criatura hermosa y peligrosa, capaz de robar el amor más profundo.

No recuerdo la última estrofa, pero sí algunas partes: “De piel más hermosa que la rosa, más que el laurel, más que el girasol… tan bella como ella ninguna flor. Porque amarla, buscarla, desearla me hace tanto mal, porque me hace soñar…”

Cada palabra y cada melodía eran bellas, pero bajo la superficie escondían un dolor profundo, un tormento que solo un corazón quebrantado podría cantar así.

lunes, 4 de enero de 2010

—¿Por qué he despertado? —me pregunté frente al espejo, mientras inspeccionaba mi rostro en busca de nuevas heridas. En mis sueños, nunca amanece nublado. Un golpe de agua fría fue suficiente para devolverme por completo a esta pesadilla.

—¿Por qué he despertado? —repetí, con un nudo en la garganta y el corazón acelerado.